A 40 años de “Oktubre”: así construyó Rocambole una gráfica memorable

El disco angular de Los Redondos cambió el rock argentino para siempre con canciones indelebles y un arte visual que ya es parte de nuestra memoria colectiva.

Oktubre, el segundo disco de Los Redondos y uno de los más trascendentes de la cultura rock argentina, partió de un concepto previo que ordenó bajo un mismo eje las posteriores letras, músicas y dibujos del álbum. Eventualmente pueden destacarse por encima de los demás el clima oscuro que exudan los arreglos musicales, “Jijiji” como paroxismo de la liturgia masiva ricotera o la imagen del esclavo rompiendo sus cadenas.

Todos elementos individualmente poderosos pero que perderían densidad si se los despojara de las coordenadas que los contienen: pocos discos del rock argentino lograron construirse y crecer incluso más allá en el tiempo alrededor de un concepto estético tan granítico y definible como Oktubre. Rocambole, con su mano y su mente, fue el encargado de darle forma y delinear esos rebordes artísticos tan característicos y venerados.

Primer boceto de la tapa de Oktubre
Primer boceto de la tapa de Oktubre

“Habíamos ido al Luna Park a ver un coro de un ejército ruso y quedamos muy impresionados con las voces graves y esos temas que parecían marchas medievales”, evoca el Mono Cohen. Corría entonces el año 1986 y luego de esa experiencia compartida con otros integrantes de Los Redondos el artista platense sondeó entre miembros y allegados a la banda qué imágenes les sugerían las escuchas de los demos de lo que luego sería Oktubre. Y todos contestaron más o menos las mismas cosas: “Multitudes marchando y banderas”, destaca Rocambole. “Esos fueron los dos detalles que me llevé de esa especie de encuesta entre conocidos para pensar el arte del disco”.

“Hoy te sentás en una computadora, armás el diseño y enviás un archivo, pero en ese tiempo hacer la tapa de un disco era comprar las cartulinas, recortarlas y estamparlas… lo cual te convertía no sólo en un diseñador, sino también en un obrero gráfico”, explica Rocambole desde su atelier en la capital bonaerense, cerca de la bohemia zona de la Vieja Estación. Por ese motivo, el artista plástico debió ajustar la idea estética de Oktubre a las posibilidades técnicas y económicas de un grupo que entonces se manejaba de manera austera, autogestiva y hasta cooperativa.

El original de la tapa y contratapa de Oktubre fue pintado a mano con tinta, témpera y collage de papel glasé rojo. “La serigrafía apareció como solución para la producción en serie, aunque lo rudimentario del sistema al mismo tiempo me obligó a usar pocos colores y a trazar formas más delineadas, porque no permitía sutilezas”, detalla el Mono. “Claro que tampoco se trataba de repetir por la repetición misma, sino que también me interesaba que la obra se sostuviese por una imagen acompañada de una acción, por un mensaje capaz de conmover”.

“Siempre me interesó el fenómeno que se generó acerca de la tapa de Oktubre y de sus multitudes y cadenas rota, imágenes de las que muchos se apoderaron. Y creo que, en definitiva, todo tuvo que ver con la optimización de los pocos recursos disponibles y dentro de un producto artesanal, como fueron los vinilos originales de ese disco. A lo mejor, si hubiese dispuesto de más herramientas para hacer un trabajo sofisticado, quizás no hubiese pasado todo lo que pasó”.

Desde una breve paleta tricromática de rojo, negro y blanco (“los colores del anarquismo, a los cuales les agregué como yapa un tonito gris para redondear algunos gestos”), Rocambole proyectó una estética linkeada con afiches soviéticos de principio del siglo XX, además del regusto previo por el dibujante, pintor y muralista argentino Ricardo Carpani.

Rocambole y el esclavo con la cadena
Rocambole y el esclavo con la cadena

Si todo eso tuviera que resumirse en una letra, sería en la B invertida de Oktubre que aparece en la tapa del mismo disco. “Tenía antecedentes como letrista porque de adolescente me gané la vida pintando carteles de comercios, así que se me ocurrió inventar una tipografía que sonara ‘sovieticoide’ con cierto parecido al alfabeto cirílico que usan los rusos, que tiene letras similares a las nuestras, pero al revés”, explica el artista platense.

Lo que hizo Rocambole fue darle entidad a las imágenes visuales que los primeros bocetos musicales generaban en el entorno íntimo de Los Redondos y luego adecuarlas a los pocos recursos de producción que entonces se tenían a disposición. Lo que siguió a eso una vez que Oktubre salió a la calle y empezó a estar en manos ajenas ya es historia conocida. Aunque ni el propio artista lo sospechaba: “Un día estaba caminando por La Plata por la década del 60’ y, de golpe, vi muchas paredes empapeladas con afiches de la CGT que tenían el mismo dibujo. Me quedé mirándolos con la boca abierta, porque fue como una especie de revelación. Se trataba de los dibujos de Carpani, a quien no sé cuánto le deben mis puños con cadenas que me hicieron tan conocido. Esa vez me di cuenta que quería que mi arte fuese así: que se viera en la calle, impreso en cantidades, pero además sostenido por una idea, que era la del movimiento colectivo. ¡Me pareció fantástico! Así y todo, jamás de los jamases pensé que los dibujos de Oktubre iban a estar pintados en banderas, en paredes, incluso en tatuajes”.

“Muchos amigos me envían fotos de lugares o situaciones en las que se encuentran con mis dibujos, como el del esclavo con cadenas, que ha sido utilizado de mil maneras. Vi ejemplos en muchos lugares y, naturalmente, en algunos casos no me gustaron para nada”, agrega el Mono. “Pero, bueno, cuando la gente se apropia de tu imagen, deja de pertenecerte. Y yo no quiero estar fiscalizando la utilización de mis dibujos como si fuera Disney, que tiene todo registrado y cuando te descubren mandan una batería de abogados para que te saquen plata o para que te demanden. Vivo el fenómeno con intriga, curiosidad, y una necesaria dosis de relajo”.

Fuente: La Izquierda Diario