Turf celebra 30 años: “Es un milagro que sigamos juntos”

Sobrevivieron a aeropuertos, calzones compartidos y chistes que no le causaban gracia a nadie. La banda cumple tres décadas y lo festeja con un show especial y “las mismas ganas de romper las pelotas de siempre”, cuenta Joaquín Levinton, su líder, a Página|12.

En el aeropuerto de Santiago del Estero, con el cuerpo todavía en Europa, Joaquín Levintonagarró una valija eléctrica y tomó la única decisión lógica: sentarse arriba y pasearse por toda la sala de pre-embarque como si fuese un autito de juguete a control remoto. No hay mucho que explicar. En Turf, las decisiones importantes suelen tomarse bajo esa lógica.

“Si era en Europa lo metían en cana”, advierte el baterista Fernando Caloia a Página|12“Si es que me atrapaban”, responde Joaquín con picardía. Carlos Tapia, bajista del grupo, los mira y ríe como quien ya escuchó esta historia diez veces y le sigue causando gracia.

Yo no me quiero separar, ¿y usted?

Durante las últimas tres décadas, muchas bandas del mismo ecosistema se desarmaron, se oxidaron o se volvieron una versión solemne de sí mismas. Pero Turf sigue teniendo —con matices— la misma chispa con la que comenzaron en los agitados años noventa.

Es por eso que esta anécdota –sencilla entre las tantas que caracterizan a las perspicacias del líder de la banda– puede resumir el gen Turf, con los mismos cinco de siempre, corriendo entre aeropuertos, escenarios y salas de ensayo, sin que nadie los atrape todavía. “Es un milagro que sigamos juntos. Uno podría haberse ido a otro país, otro dejado la música, otro muerto”, cuenta Levinton a este diario mientras toma un sorbo de café cortado y se pone y se saca la campera. “No sé si tengo calor o frío”, justifica.

Como si fuera poco, Turf atraviesa un 2026 consagratorio, reafirmando su lugar como una de las bandas más identitarias del rock argentino. “Hace poco nos dimos cuenta de que siempre festejamos los aniversarios de discos, como pueden ser los 20 años de Pila de Vidapero nunca le habíamos festejado el cumple al grupo. Quizás porque nunca imaginamos llegar”, explica Joaquín desde la terraza del Complejo C Art Media, donde el próximo 9 de mayo celebrarán con un show diseñado especialmente para la ocasión y sorpresas que, por ahora, guardan celosamente.

Locos, ¿un poco?

La banda festejó su aniversario a lo grande, con una gira por ocho países europeos que funcionó como una celebración involuntaria antes de la celebración oficial. El grupo logró sold outs en salas de Alemania, Italia, Países Bajos, Francia, Dinamarca –entre otros–, en lo que fue una rutina reincidente de despertar, tocar y tomar un avión.

Entre show y show, cuando el itinerario lo permitía, salían a conocer. “Algunos le llevaron un alfajor a Jim Morrison en el Père Lachaise. Otro fue a visitar a Oscar Wilde», cuenta Joaquín. Toda la banda se reunió finalmente para subir a la Torre Eiffel: “Nos dimos cuenta de que también era real”, agrega.

– ¿Cómo vivieron el raid de shows en países que nunca habían visitado?

Joaquín Levinton: Fue agotador, pero por suerte nos encontró unidos y motivados, preparando un disco nuevo y con un montón de cosas por hacer.

Carlos Tapia: Para mí fue tremendo. Habíamos hecho dos giras por el interior de España pero nos quedaban un montón de países por conocer. En Milán, por ejemplo, vino “Pupi” Zanetti. Fue hermoso porque es una mega estrella de fútbol y terminó revoleando una remera de turf con la familia. Fueron días de shows muy seguidos, de dormir poco y de poner el cuerpo.

JL: Algunos no se iban a dormir (risas).

Fernando Caloia: Es nuestra vida así. Los aeropuertos, las salas de ensayo, los escenarios. Nos daba miedo que no nos diera el cuero, pero arrancaba el show y nos prendíamos fuego. El mundo está lleno de argentinos y nos hicieron sentir increíble.

Javier Zanetti visitó a Turf durante la gira de la banda por Milán (prensa)

– En una entrevista reciente con Página/12, Joaquín dio un manual de instrucciones para pasar un día con Charly García: llevar matafuego, tabla de planchar, quitamanchas y un martillo. ¿Qué se necesita para pasar un día de viaje con Turf?

JL: Bastante similar a esa lista, aunque cada vez intentamos que sean menos cosas. Fue gracioso por cómo teníamos que resolver en este viaje porque las valijas iban en una combi y nosotros en avión. Entonces teníamos todo en una mochilita. Pero ahora cada uno lleva un calzón, antes usábamos todos el mismo.

CT: Es que aprendimos a ser más organizados. Llevamos hasta adaptadores de celulares, que es un acto tremendo de madurez para lo que éramos. Solo tuve una complicación, porque me compré un bajo y tenía que andar con el instrumento desarmado para todos lados.

JL: Entonces a la lista hay que sumar un destornillador Phillips.

No se llama Humor

Hay un ingrediente que Turf nunca negoció en treinta años y que Fernando Caloia suma sin pensar al manual de convivencia con Turf: la risa. “Es una locura si no te tomás la vida con humor”, dice Joaquín sobre el génesis desde el que la banda construyó todo, desde un primer disco llamado como un eslogan comercial de pilas hasta una gira europea donde uno le llevó un alfajor al líder de The Doors, fallecido en 1971.

– ¿Podrían sobrevivir sin el humor?

JL: Claro que no. Para mí lo es todo. Es una locura si no te tomas la vida con humor. Sería todo un embole si no nos divirtiéramos, porque Turf tiene mucha comedia desde el primer minuto. Somos un grupo que está rompiendo las pelotas todo el tiempo y siempre pone a la risa por encima de todo.

FC: La risa se corta cuando a uno no le parece gracioso un chiste y se enoja.

JL: Pero retomamos rápido porque aprendimos a desonfendernos. Antes duraban mucho más las peleas.

La pregunta inevitable llegó en la terraza del Art Media, con alfajores Pescado Raúl –nueva misión gastronómica de Levinton– sobre la mesa y Fernando Caloia leyendo el diario Página/12 en papel: ¿qué pensarían los pibes de Turf del 96 si vieran a los de hoy? “Nos reiríamos y les haríamos bullying«, dispara Caloia. “Por viejos y pelados”, remata Tapia. Joaquín los escucha, se toca el pelo y sonríe: «Por suerte esas cosas no pasaron“.

Fuente: Pagina 12