Este día, el gobierno presidido por Carlos Menem, y con Domingo Cavallo como ministro de Relaciones Exteriores, anuncia el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con el Reino Unido, calificándolo como “un progreso”.
“Se efectivizó a través de un instrumento jurídico firmado en octubre de 1989 en un salón del Ministerio de Asuntos Exteriores de España en la ciudad de Madrid.
El texto del documento se integra con dieciocho artículos y cuatro anexos que abarcan un total de catorce carillas bajo el título de ‘Declaración conjunta de las delegaciones de la Argentina y del Reino Unido” (Adrián G. de Antueno Berisso. Tierra del Fuego Antártida e Islas del Atlántico Sur).
Este acuerdo se produjo ocho años después del cruento enfrentamiento bélico en el Atlántico Sur, que significó la mayor crisis en las relaciones diplomáticas entre ambos países.
Se concretó cuando el emblema militarista británico había entrado en su ocaso, Margaret Thatcher había dejado de ser primer ministra.
La política desplegada por Menem fue la de congraciarse con los poderosos de Occidente y esta iniciativa fue un paso importante hacia ese objetivo.
Se llevó a cabo una política de “seducción” hacia los kelpers, con el envío de ositos ‘Beni Pooh’, y de “relaciones carnales”, como las calificó el sucesor de Cavallo, Guido Di Tella.
Poco después se restablecieron los vuelos entre Londres y Buenos Aires, y se firmó un acuerdo por la explotación hidrocarburífera, que supuestamente no implicaba el reconocimiento de la soberanía sobre las islas Malvinas (bajo la modalidad del ‘paraguas’), pero implicó la apertura de las compuertas para incorporar esa actividad a las islas. Esto ocurrió a partir de 2010, con la instalación de compañías petroleras.
La política del Reino Unido fue la de aceptar esas formalidades diplomáticas, pero en los hechos avanzar en el manejo unilateral de los recursos naturales, tanto en materia de hidrocarburos como en los recursos pesqueros de la plataforma continental. Habilitando la depredación del Atlántico Sur.
También quedó demostrado con la convocatoria a los kelpers a un plebiscito para determinar su postura sobre la soberanía de las islas, donde sólo se expresaron los que usufrutuan la apropiación por la fuerza de ese territorio.
La permanente agresividad británica quedó demostrada también con la reciente difusión de la presencia de armamento nuclear en las islas.
